Adriana Zumarán by Carlos Alberto Leumann — Read

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A no haber Muñoz abandonado tan precipitadamente la casa de Charito, habría comprendido lo infundado de sus celos. Porque cuando Adriana advirtió que Castilla se tomaba tontamente la libertad de acariciarle la mano, en seguida, dejándole plantado en medio de la sala, buscó a Muñoz.

Sin embargo, lejos de preocuparla que éste se hubiera marchado, sólo experimentó contra él un sentimiento de fastidio. Charito la llamó, consternada. Acababa de advertir, sospechando el motivo, la retirada de Muñoz. Era su amiga de confianza y profesaba por él un sentimiento que ella no hubiera podido definir: mezcla de cariño fraternal, de instintiva simpatía y de admiración. Le atribuía las mejores cualidades y no dejaba de recordar que había egresado de la Facultad de Derecho con las más altas clasificaciones de su curso. Charito, abandonando por algunos minutos al joven de la voz amaricada, tomó las manos de Adriana y la miró con expresión sorprendida.

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