Explore "Oros son triunfos" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
En esta ocasión fué cuando se le dijo á doña Sabina, que estaba, _de oídas_, al tanto de los acontecimientos, «haz economías», ó lo que es igual, «no más teatro diario, no más competencias de lujo en los paseos». Esto no podía ser en tales circunstancias. Era preciso hacer un esfuerzo. Cuando menos, una escapadita al teatro, de vez en cuando, y tal cual exhibición en el paseo, aunque fuera con los trajes del ropero. Porque la amorosa madre tenía en su poder el cebo más estimulante que podía apetecer á aquel Pluto trasatlántico, dado que Enriqueta era la belleza más atractiva del pueblo, y con tales ventajas no era cosa de resignarse al papel de espectadora en aquella lucha encarnizada que se había empeñado entre el ejército femenil de la buena sociedad para conquistar las atenciones del recién venido.
De la cual lucha había resultado (y esto lo ignoraba doña Sabina) que el ostentoso Nabab había ido familiarizándose con la contemplación de tantas y tan pertinaces bellezas, hasta el punto de que ya _no le movían_, como declaró una noche á sus oyentes en su platea del teatro, después de haberle recorrido todo con sus gemelos. y su pechera centelleante, recibiendo expresivas correspondencias visuales de todos los puntos de la sala.