Explore "Oros son triunfos" by José María de Pereda on Textopian. Read with annotations and highlights.
Triste silencio reinaba en el escritorio de don Serapio dos días después de la última corrida _celebrada_ en la misma calle por el estrepitoso don Romualdo, silencio apenas interrumpido por el charrasqueo de las plumas de los dos dependientes. El viejo tenedor de libros había sido llamado por don Serapio al departamento presidencial de éste, en el cual se llevaban ya más de hora y media á puertas cerradas. Los de afuera tenían orden de despedir á los corredores que llegasen, con la frase sacramental de «no ocurre nada», que quita, en los usos del comercio, todo pretexto á réplicas y observaciones impertinentes.
Hallábanse amo y dependiente, sentado el primero en su vetusto sillón; y de pie, junto á él, el segundo, ambos hojeando libracos y papeles amontonados sobre la mesa y el atril; don Serapio con los ojos enrojecidos, descubierta la cabeza y erizado el escaso pelo; el dependiente impávido y sereno, en espera siempre, como si fuera un libro más de la casa, de que se consultase alguna de sus páginas, para ofrecer, con mecánica lealtad, los guarismos estampados en ella.