Oros son triunfos by José María de Pereda — Read

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Pasaron los días, y continuó don Romualdo frecuentando el trato de la familia, y ésta volvió á abonarse al teatro y á presentarse en los paseos; pero esta vez acompañada del pretendiente, á quien miraba doña Sabina con ojos tiernos, volviéndolos después al público como para decirle: -- «¿Ves cómo al fin esta ganga me la llevé yo? ». Enriqueta escuchaba, así en el palco como en medio de la marejada del paseo, con los ojos lánguidos, la boca sonriente y las manos entre el varillaje de su abanico, las _ternezas_ que sin descanso le soltaba á la oreja su futuro; el cual, al ver el efecto que sus palabras causaban, _al parecer_, en su hechicera novia, alargaba el hocico, chupábase la lengua, se rascaba la peluca, y más de una vez dejó caer sobre su tersa pechera, sin percatarse de ello, larga, ondulante y cristalina hebra, como un niño en la primera dentición.

Es, pues, indudable que el _sacrificio_ de Enriqueta había tenido ya su galardón en el notorio placer con que á la sazón le aceptaba. Téngalo por consuelo el lector que la hubiere compadecido.

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