Explore "Jeromín" by Luis Coloma on Textopian. Read with annotations and highlights.
Durante este último período de tiempo había logrado la diabólica astucia de Antonio Pérez levantar llama de nuevo en los adormecidos recelos de Felipe II contra su hermano Don Juan de Austria. Dueño absoluto de la confianza del rey, y dueño también de la que traidoramente se había captado fingiendo favorecer los intereses de Don Juan de Austria y de Escobedo, fuele fácil enredar la madeja a aquel verdadero genio de la intriga y la perfidia. Las desgraciadas turbulencias de Flandes, que trajeron consigo el fracaso de la jornada de Inglaterra, y la tenacidad de Felipe II en sostener allí la política de paz, cuando no había ya otro camino que el de la guerra, facilitaron en gran parte la pérfida obra de Antonio Pérez. Escribíanle con gran frecuencia Don Juan de Austria y Escobedo, y como amigos fieles que persiguen un mismo fin, consultábanle sus planes, descubríanle sus temores, dábanle sus quejas y pedíanle su poderoso apoyo cerca del rey. Antonio Pérez, por su parte, llevaba estos ecos a las orejas de Don Felipe, pero no como eran en sí francos, sinceros, apasionados y violentos a veces, pero siempre leales y nobles, sino comentados con perfidia, torcidos en sus intenciones, exagerados en su alcance y aun adulterados en su texto al tiempo de descifrarlos por el clérigo Fernando de Escobar, hechura completa de Pérez. Contestábales éste, de acuerdo siempre con Felipe II, procurando mantener su engañada confianza, y llegó su pérfida hipocresía hasta el punto de deslizar en sus cartas frases irrespetuosas al monarca, para ver si, movidos de este ejemplo, le imitaban los otros, lo cual no sucedió nunca.
Enviando al engañado monarca, para su aprobación, una de estas cartas capciosas para Don Juan de Austria, le escribía Pérez: «Señor, es menester escrivir y oír de aquella manera, para su servicio, porque así se meten por la espalda, y el hombre encamina mejor lo que combiene para el negocio de vuestra majestad principalmente. Pero vuestra majestad mire cómo lee estos papeles, que si me descubre el artificio, no lo podré servir, y yo avré menester alcar el juego. Que por lo demás bien sé, que para my dever y consciencia ago lo que devo en esto, y no he menester más theología que la mía para alcanzarlo.» El rey contestó a Pérez al margen de su carta: «. y creed que trygo en todo buen recato, y según my theología yo entiendo lo mismo que vos, y no solamente hacéis lo que devéis, más que no lo haríades ni para con Dios ni para con el mundo si no lo hiciérades ansy, y para que yo esté bien alumbrado de todo que es menester según los enredamientos del mundo y de sus cosas que cierto me tienen espantado.»