Halma by Benito Pérez Galdós — Read

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La llegada de los tres amigos no debía alterar la marcha de los asuntos domésticos en el castillo, porque, claramente lo decía la Condesa, ya que no ayudaran, no era bien que estorbasen. «Primo mío, supongo que desearás conocer esta gran finca, los estados de Pedralba, donde hacemos vida recogida y modesta, sin pretensiones de ascetismo, mis amigos y yo. Usted también, Sr. D. Remigio, necesita enterarse del terreno que consagro a mi obra. Váyanse, pues, a dar un paseíto, guiados por el bonísimo Nazarín, que lo conoce ya palmo a palmo, mientras nosotras les preparamos de comer. No esperen que salgamos de nuestro pobre régimen. Aquí no hay ni puede haber comilonas, pues aunque yo quisiera darlas, no habría con qué. Comerán de nuestro diario frugalísimo, con el poquitín de exceso que pide la hospitalidad. Con que vean, vean mi ínsula, y tráiganse la salsa que nosotras no podemos hacerles, un buen apetito».

Fuéronse los tres de paseo, conducidos de D. Nazario, que les hizo subir al monte para que vieran los castaños robustos que lo coronaban, al barranco para probar el agua de la rica fuente, y después de brincar y despernarse por lomas y vericuetos, volvieron a casa a las doce, hora invariable de la comida. En una pieza próxima a la cocina, pusieron la mesa, la cual era de una robustez patriarcal, de castaño renegrido y con torcidos herrajes en su armadura. Dos sillas había de la misma casta y edad; las demás variaban entre el estilo Fernando VII, de caoba, y la forma y material llamados de Vitoria. Pero la mayor y más sorprendente variedad estaba en la vajilla y ropa de mesa, pues al lado de vasos de cristal finísimo, se veían otros del vidrio más ordinario, servilletas finas, servilletas bastas, platos de porcelana rica, y otros de cerámica tosca. «Dispensen la diversidad de la loza -les dijo doña Catalina. En mi comedor reina todavía una confusión de clases estupenda, como en tiempos revolucionarios. Pero esta confusión no es parte para que yo olvide las categorías de los comensales. Para los dos señores sacerdotes lo fino, que ellos mismos irán escogiendo; para ti, José Antonio, y D.

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