Explore "Apocalipstick" by Carlos Monsiváis on Textopian. Read with annotations and highlights.
En la megalópolis las tradiciones se renuevan a partir de su negación y se trastornan con celeridad los hábitos de lo público y lo privado. El que no le cuenta a un desconocido las dificultades sexuales con su pareja, carece de intimidad. El que, para humillar un poco a los subordinados, no les pregunta: "¿Cuántos condones traes en tu cartera? ", es un provinciano irredimible. El que después de cien experiencias sexuales en un año no se considera virgen, pertenece al paisaje de antes, cuando las paradojas no lo eran todo.
En la megalópolis las series televisivas son el mayor acto comunitario. El éxito de Big Brother, el programa iniciado en Holanda, la prisión por gusto tan innegable como la crítica que lo desprecia sin dejar de verlo, es asunto de la globalización y los caprichos de la hipnosis televisiva. En su clímax, Big Brother alcanza los 39 o 40 puntos de rating, lo comentan todos (excepto aquellos que se guardan sus interpretaciones para venderlas en una subasta de Sotheby's), sus participantes se vuelven reyes o reinas por un día, etcétera. ¿Qué explica el triunfo? Aporto mis lugares comunes: en primer lugar el que ya sólo el espionaje electrónico nos entera con detalle de las vidas ajenas. Moraleja apasionada o fría: todo da vuelcos, donde dejamos al Pueblo se encuentra hoy el panel de expertos, esos veinte o cuarenta millones de personas empeñadas en poseer el punto de vista definitivo sobre los fenómenos de masas, y que, con tal de sentar cátedra, resisten estoicamente Big Brother y lo que les pongan, incluso los programas con reacciones deportivas del Gabinete Presidencial ("Ese gol fue en apoyo a nuestra política económica").