La Corte de Carlos IV by Benito Pérez Galdós

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Como era tarde, creí que no debía ir a casa de Inés hasta la mañana siguiente, y entré en la de la González, que aún estaba levantada y como sin intención de recogerse todavía. Quedóse muy asombrada al verme entrar, y faltole tiempo para preguntarme lo que me había pasado, y si había ocurrido alguna novedad a la señorita Amaranta. También quiso saber lo de la famosa conjuración, asunto que, según dijo, ocupaba la atención de Madrid entero, y satisfecha su curiosidad en este y otros puntos, me aseguró haber recibido una carta de Lesbia, en que le anunciaba su viaje a la corte dentro de algunos días para acabar de perfeccionarse en el papel de Edelmira.

Aunque el cansancio me rendía, y más deseaba acostarme que hablar, le conté lo de la carta y también el triste caso de la prisión de la duquesa. Pepita, muy alterada con estas noticias, me rogó que le entregase la carta, a lo cual me negué, jurando que la guardaría hasta que pudiese dársela en propia mano a la misma persona de quien la recibí. Ella pareció conformarse con mi negativa, y no hablamos más del asunto. Después le dije que resuelto a aprender un oficio había abandonado a Amaranta para regresar a la corte y me fui a acostar, deseando que llegase pronto la mañana por ver a Inés. Excuso decir que dormí como un talego; levanteme al día siguiente muy a prisa, y mi primera impresión fue una gran pesadumbre. Les contaré a ustedes: al vestirme, busqué entre mis ropas la carta de Lesbia, y la carta no parecía. No quedó en mis bolsillos ni en mi breve equipaje escondrijo que no fuese revuelto; pero no encontré nada. Muy afanado estaba, temiendo que la carta hubiese caído en manos indiscretas, cuando le conté a mi ama lo que me pasaba, preguntándole si había encontrado por el suelo la malhadada epístola. Entonces la pícara, lanzando una carcajada de alegría, me contestó con la mayor desvergüenza: - No la he encontrado, Gabrielillo, sino que anoche, luego que te dormiste, entré en tu cuarto de puntillas y saqué la carta del bolsillo de tu chaqueta.

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