Lo Prohibido by Benito Pérez Galdós — Read

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¡Qué mal concluyó para mí aquel condenado mes de Marzo! Todos los días que siguieron al de mi santo fueron aciagos. Ya era un disgusto con Villalonga; ya que se me perdía un billete de Banco en el Bolsín; ya que me machacaba un dedo en una puerta o se me volcaba la botella de tinta sobre la mesa. Añadid a esto que se me despidió la cocinera; que se me desalquilaron dos pisos; que el inquilino del tercero de la derecha por poco me pega fuego a la casa; que la hija del portero cayó mala con viruelas; que Partiendo del Principio me dijo que yo no sabía de la misa la media; que cogí un fuerte constipado; que el espadista Raimundo halló medio de sacarme dinero; que la liquidación de fin de Marzo no fue muy buena para mí, y comprenderéis que yo tenía razón para quejarme de la Providencia y poner el grito en el Cielo. Pero aún falta lo mejor, es decir, lo peor, y vais a saberlo: ni mi liquidación ni aquellas otras contrariedades me afectaron tanto como el golpe que recibí el 1º de Abril. La casa Hijos de Nefas, de que yo era socio comandatario, había suspendido sus pagos. Los negocios de Jerez iban de mal en peor; la crisis se agravaba, y tener dinero allí principiaba a ser peligroso. De la quiebra de los Nefas esperaba yo salvar algo; mas me inquietaba el no haber cobrado aún el trimestre vencido de mis arrendamientos. En fin, que aquello se ponía feo.

Viendo caer sobre mí tantos males, uno tras otro sin darme respiro, decía: «por fuerza tiene que caerme ahora algún bien muy grande». Y recordando la preciosa sentencia sperate miseri, cavete felices, añadía: «¡Si será que ahora me va a querer Camila.!». Porque con tal resarcimiento, ya daba yo por buenas todas las calamidades de fin de Marzo. Habíame vuelto muy supersticioso, creía en las compensaciones, en el ten con ten de los sucesos para formar este equilibrio que llamamos vida, y ved aquí cómo se me metió en la cabeza que Camila me iba a pagar al fin el grande amor, o mejor dicho, la demencia que yo sentía por ella.

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