Explore "Lo Prohibido" by Benito Pérez Galdós on Textopian. Read with annotations and highlights.
No sé qué más atrocidades dije. Yo no tenía ideas claras y justas sobre nada; era un epiléptico. Me caí en una silla, y estuve un rato pataleando y haciendo visajes. Contome después Ramón que Constantino se retiró muy enfurruñado, cuando ya no tenía yo conciencia de que él estuviera presente.
Estuve tres días en cama y ocho sin salir de casa; de tal modo me conmovieron y agobiaron los sucesos de aquella tremenda fecha, una de las peores de mi vida. ¡Cuán lejos estaba de que habían de venir otras peores! Ninguna de mis tres primas fue a verme. Mi tío y Raimundo no faltaron, este tan dislocado como siempre, aquel sufriendo en silencio una agitación moral que respiraba por su boca con suspiros volcánicos. Y no sabía el buen señor nada de lo ocurrido entre sus hijas y yo aquellos días, pues felizmente no hubo ningún indiscreto que le llevase el cuento. La causa de su dolor era otra y se sabrá más adelante. Díjome Ramón que al segundo día había enviado a preguntar por mí el señor de Medina, y que Evaristo no dejaba de ir por mañana y tarde a informarse de mi salud. ¿Pero a que no sabéis cuál era la compañía más grata para mí? Mis amigos me fastidiaban y mis parientes no me divertían. Vais a saber dónde estaba mi consuelo en aquellas tristes horas.