Explore "La sucesión presidencial en 1910" by Francisco I. Madero on Textopian. Read with annotations and highlights.
A pesar de esas condiciones en que tan difícil era que alguien ejerciese el mando supremo, bn> tú en las filas insurgentes una estrella de gran magnitud que, deslumbrando con sus £picas glorias a todos los partidarios de la independencia, los subyugó con su genio, los domino con su grandeza de alma, y por algún tiempo el partido independiente tuvo como jefe a un gran general, a un patriota magnánimo, a un ciudadano que sabia respetar la ley: al gran Morelos, figura que se destaca gloriosa entre sus contemporáneos y sobresale á pesar de haber vivido en una época en la cual tuvo la patria tantos héroes a su servicio. Morelos, ansiando dar á la guerra el sello de grandeza que le caracterizaba y después de tener bajo su dominio gran parte del territorio nacional, convocó a los mexicanos para mandar representantes á un Congreso que se reunid en Chilpancingo. Pero el éxito de la guerra estaba aun indeciso; los realistas, contando siempre con elementos inagotables, preparaban y equipaban ejercitos poderosos. No era aun tiempo de poner las riendas del gobierno en manos de un Congreso; se necesitaba un jefe militar No era oportuno tener un gobierno compuesto de tantos miembros, pues para asegurar su existencia, su estabilidad, se necesitaba, no de la escolta que requiere para su protección un general en jefe en sus constantes evoluciones por el teatro de la guerra, sino de un ejercito formidable que pudiese hacer frente a todas las fuerzas enemigas, que ya tendrían marcado el punto a donde reconcentrar el ataque y dirigir todos sus esfuerzos.
Esta falta cometida por nuestro héroe inmaculado, con la mayor buena fe, tuvo resultados transcendentales para la patria, pues retardo por muchos años el triunfo de los insurgentes y nos costó la pérdida irreparable de Morelos, inmolado en la defensa del Congreso que el mismo creo. Decimos irreparable, porque ninguno de los in surgentes que logró ver a nuestra patria libre, tenía una alma tan grande como el; quizás, si hubiera sobrevivido a la prolongada guerra de inde poncia, nuestra suerte habría sido otra, porque con su gloria, su prestigio, su inmenso ascendiente sobre sus compafierps de armas, hubiera dominado todas las ambiciones; con su patriotismo y alti.s sentimientos cívicos, de que did prueba en el Congreso de Chilpancingo, hubiera encarrilado a la República, desde su nacimiento, por uu camino en donde habría encontrado menos tropiezos, escollos y vicisitudes.