Explore "La sucesión presidencial en 1910" by Francisco I. Madero on Textopian. Read with annotations and highlights.
La desesperación de los pueblos había llegado a su máximum y la Nación, aun que aparentemente tranquila, como siempre que pesa sobre ella alguna dictadura, estaba en una gran efervescencia y sólo faltaba una chispa para encender otra vez la guerra civil. La chispa fue encendida por el General Don Juan Álvarez, uno de los heroes de nuestra independencia; de esos hombies tan raros en todas las epocas por su patriotismo y su desinterés. El nunca pidió nada á la patria en cambio de su sangre que mil veces derramó por ella; se contentó con verla libre y desde su modesto retiro, gobernando con acierto e integridad el Estado de Guerrero, contemplaba con honda tristeza los frecuentes tropiezos sufridos por la patria que el ayudó a crear. Mas tarde, cuando fue nombrado Presidente de la República, con una magnanimidad y un desinterés que raramente encontramos en la historia, renunció ese elevado puesto, dejando en su lugar a quien el juzgaba apto para substituirle.
La revolution iniciada en Ayutla y encabezada por el venerable insurgente de quien acabamos de hablar, así como por hombres de gran valer, como Comonfort, fué secundada por toda la Nación, y a pesar de los espléndidos ejercitos con que contaba la dictadura, triunfo en poco tiempo, arrojando del suelo patrio al funesto dictador, e implantando un gobierno netamente popular, al frente del cual estuvo provisionalmente el General Alva rez, designado para ocupar la Presidencia mientras se reunía el Congreso Constituyente y al elaborar la Constitución, determinaba el modo como debía ser electo su sucesor.