Explore "La sucesión presidencial en 1910" by Francisco I. Madero on Textopian. Read with annotations and highlights.
La única falta co- metida por un hombre que siempre presto servicios eminentes a la patria, volvió á acarrear sobre ella todos los horrores de la guerra civil durante tres años, pues el Jefe de las fuerzas que proclamaron el Plan de Tacubaya, una vez dado el golpe de Estado a favor de Comonfort, juzgó que podía dar otro golpe a su favor y así lo hizo, rebelándose contra el que acababa de investirse con los poderes dictatoriales y ocupando la codiciada silla presidencial, de donde arrojó a su antiguo ocupante. Quien esto hizo, el general Zuloaga, había ocupado un puesto de gran confianza entre las fuerzas liberales y comprendió que éstas no podían aprobar su conducta, ni menos aun apoyarlo, y se pasó al bando opuesto, al partido conservador, el cual con estos elementos y casi todas las fuerzas de línea que se pasaron a su lado, emprendió la obra de asegurarse en el poder, persiguiendo a los liberales, quienes en aquellos momentos se encontraban en condiciones angustiosisimas, pues casi todas las fuerzas de línea, los elementos de guerra y los mejores generales, sostenían al nuevo gobierno que se había instalado en la Capital de la República.
Sin embargo, las ideas liberales habían echado hondas raíces en la conciencia publica, porque se vid que de ningún modo atacaban los verdaderos intereses de la religión, y si aseguraban á todos los ciudadanos el uso de bus derechos, de esos sagrados derechos del hombre, que una vez reconocidos, lo elevan de la categoría de siervo á la de ¦ciudadano; de la de esclavo a la de hombre libre. Los defensores de esos principios se encontraban diseminados por el vasto territorio de la Re publica, sirviéndoles de centro de unión, de jefe, la grandiosa figura de Juárez, quien siendo sustituto del Presidente de la República por derecho, había recogido el poder perdido por Comonfort, primero por su golpe de Estado y después por delegación que hizo, según declaraciones al efecto. Juárez, investido de la legalidad de que se había despojado Comonfort, recogió el prestigio que aquél tenía, prestigio que supo acrecentar con la rectitud de sus actos, su admirable serenidad en los más grandes peligros, su indomable constancia, su honradez acrisolada, su patriotismo a toda prueba. Juárez era la encarnación de la ley, el representante genuino de la legalidad y respondía a las aspiraciones de la parte sana de la Nación, tanto del elemento civil, como del militar que se preocupaba por la prosperidad y la tranquilidad de su patria. La prueba de esrto fué que los jefes que permanecieron fieles a la causa de la Reforma, jamás se rebelaron contra el ni desconocieron sus órdenes, a pesar de que él, sin medios de acción para hacerse obedecer de sus generales, permanecia bloqueado en Veracruz.