Explore "El olmo del paseo" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquella tarde, paseando, como de costumbre, al pie de las murallas, el padre Lantaigne, rector del Seminario, encontró al señor Bergeret, catedrático de la Facultad de Letras, bien reputado por su talento, aunque se le consideraba un poco extravagante. Perdonábale su escepticismo el padre Lantaigne, y departía con él agradablemente, siempre que se presentaba ocasión, bajo los olmos del paseo. Por su parte, complacíale mucho al señor Bergeret estudiar de cerca el alma de un sacerdote piadoso y tan inteligente. No era un secreto para ninguno de los dos que sus conversaciones desagradaban igualmente al arzobispo y al decano de la Facultad; pero el padre Lantaigne desconocía en absoluto la prudencia humana, y el señor Bergeret -rendido, triste y descorazonado- no pensaba en guardar inútiles miramientos.
A pesar de ser irreligioso -con decoro y delicadeza-, las devociones frecuentes de su mujer y los interminables catecismos de sus hijas le habían hecho sospechoso, tildándole de clerical en las oficinas del ministerio, mientras ciertos juicios que se le atribuían eran explotados contra él por los católicos de partido y los patriotas de profesión. Malogrado en sus ambiciones, quiso vivir a su gusto, y no habiendo conseguido ser agradable, trató, discretamente, de no ser molesto.