Explore "El olmo del paseo" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
Desde que perdió el gusto de montar a caballo y vivía retirado en su alcoba, el general Cartier de Chalmot representaba el cuerpo de ejército a su mando por fichas, distribuidas en cajoncitos de cartón, que ponía cada mañana en su escritorio, y cada noche sobre unos tableros de pino, encima de su lecho de hierro. Tenía sus fichas colocadas con una exactitud escrupulosa, y en orden tal, que le llenaba de satisfacción. Cada ficha era un hombre. La forma bajo la cual representaba jefes, oficiales o soldados, satisfacía su ansia de regularidad, y expresaba su concepto de la Naturaleza. Cartier de Chalmot fue siempre considerado como un excelente oficial. El general Parroy, que lo tuvo algún tiempo a sus órdenes, le juzgó con estas palabras: «En el capitán Chalmot, el espíritu de obediencia y las condiciones de mando se contrabalancean. Prerrogativa rara y precisa del verdadero militar».
Cartier de Chalmot había sido esclavo de su deber. Honrado, tímido, excelente calígrafo, había descubierto, al fin, un sistema propio de su genio, y lo aplicaba con implacable rigor, ordenando el cuerpo de ejército a su mando valiéndose de las fichas.