El olmo del paseo by Anatole France — Read

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Un artículo de El Liberal reveló a la ciudad de *** que albergaba una profetisa. Era la joven Claudina Deniseau, hija de un agente de colocaciones para mozos de labranza. Llegó a los diecisiete años la señorita Deniseau sin que nadie observase ninguna perturbación de sus facultades mentales ni de su salud. Rubia, de buenas carnes, baja, ni bonita ni fea, ofrecía un aspecto atractivo y un carácter alegre. «Ha recibido -afirmaba el periódico- buena educación burguesa, y fue siempre devota, sin exageración». Al cumplir dieciocho años, el día 3 de febrero de 189… a las seis de la tarde, mientras disponía los cubiertos en la mesa del comedor, parecióla oír la voz de su madre diciéndola: «Claudina, vete a tu cuarto». Fue a su cuarto y vio, entre la cama y la puerta, un resplandor, y en aquel resplandor, la voz resonaba: «Claudina, es preciso que gente de la ciudad y de los campos haga penitencia, para evitar males terribles. Te lo advierte Santa Radegunda, reina de Francia». La señorita Deniseau vio aparecer entre la claridad un rostro luminoso y transparente, que llevaba una corona de oro y piedras preciosas.

Desde aquella tarde, Santa Radegunda visitaba todos los días a la señorita Deniseau, revelándola secretos y haciendo profecías. Predijo las heladas, que agotaron las viñas en flor, y anunció que no vería las fiestas de Pascua el padre Rieu, párroco de Santa Ana. El anciano padre Rieu, efectivamente, murió el día de Jueves Santo. No cesaba de anunciar a la República y a la nación males terribles y próximos: incendios, inundaciones, degollinas. Pero anunciaba también que Dios, cansado ya de castigar al pueblo rebelde, le daría, con un rey, la paz y la prosperidad.

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