Explore "El olmo del paseo" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
Sentados en un banco del paseo, el padre Lantaigne, rector del Seminario, y el señor Bergeret, catedrático de la Facultad de Letras, discutían conforme a su veraniega costumbre. Tenían opiniones diametralmente opuestas en todo; nunca hubo dos personas más distintas, por sus estudios y por su carácter; pero eran los únicos en la ciudad que se interesaban por las ideas generales. Esta simpatía los unió. Filosofando a la sombra de los olmos cuando hacía buen tiempo, se consolaban, el uno, de su celibato; el otro, de los engorros de la familia, y ambos, de las molestias profesionales y de su idéntica impopularidad.
Aquella tarde veían, desde el banco donde estaban sentados, el monumento de Juana de Arco, enfundado aún. Habiendo la Doncella hecho noche una vez en la ciudad, en el domicilio de una honrada señora, llamada la Gausse, para conmemorar aquel suceso histórico, el municipio, con el concurso del Estado, elevaba, en 189…, un monumento. Dos artistas, hijos del país, uno escultor y otro arquitecto, habían ejecutado la obra, poniendo sobre un pedestal a la virgen «armada y pensativa».