El olmo del paseo by Anatole France — Read

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Al caer el Ministerio, Worms-Clavelin no había sentido sorpresa ni disgusto. En su fuero interno, lo juzgaba muchas veces agitado y agitador en demasía, teniendo siempre inquietos a los agricultores, a los traficantes y a los humildes que reducen su ambición al ahorro. Sin turbar la feliz indiferencia de las masas, había ejercido aquel Gobierno, con harto dolor de Worms-Clavelin, una desastrosa presión en la masonería, que, desde quince años atrás, abarcaba y mangoneaba toda la vida política del departamento. El prefecto supo transformar las logias masónicas en centros autorizados para designar en qué personas debían recaer los cargos públicos, las funciones colectivas y los favores del Gobierno. Ejerciendo así atribuciones amplias y precisas, las logias, tanto oportunistas como radicales, se reunían, confundiéndose, para una acción general, y trabajaban de común acuerdo en beneficio de las ideas republicanas. Dichoso el prefecto al ver que las ambiciones de los unos moderaban el deseo de los otros, y atendiendo a las indicaciones comunicadas por las logias, reclutó un personal de senadores, diputados, alcaldes y agentes electorales, todos igualmente afectos al régimen y de opiniones bastante distintas y bastante morigeradas para satisfacer y tranquilizar a los grupos republicanos, menos a los socialistas. El señor Worms-Clavelin realizaba esta obra de prudencia, y el Ministerio radical había interrumpido tan suave concierto.

Fue una desgracia que un ministro cualquiera de los menos importantes -el de Agricultura o el de Comercio-, atravesando el departamento, se detuviera horas en la capital. Bastó que pronunciase un discurso filosófico y moral en un círculo para que se agitaran los elementos de todos los círculos y se dividieran las logias, hubiera rivalidades entre los hermanos, y el ciudadano Mandar, farmacéutico y venerable de la Nueva Alianza, radical, se alzara contra el señor Tricoul, vinicultor, venerable de la Santa Amistad y oportunista.

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