Explore "El olmo del paseo" by Anatole France on Textopian. Read with annotations and highlights.
Aquel año, como los anteriores, el señor prefecto Worms-Clavelin asistió a las cacerías de Valcombe, invitado por el señor Dellion, dueño de una metalúrgica y diputado provincial, cuyas fiestas cinegéticas fueron las más famosas de la región.
El señor prefecto se divertía mucho en Valcombe; le enorgullecía codearse allí con algunas personas de la sociedad aristocrática, especialmente los Gromances y los Terremondres, y era un goce muy grande para él matar faisanes. Paseaba por el bosque radiante de satisfacción. Disparaba separando las piernas, alzaba los hombros y arqueaba la espalda, inclinando la cabeza y guiñando los ojos, como los tiradores que frecuentan el Bois-Colombes, gente ordinaria, sus primeros compañeros de caza. Tenía costumbre de proclamar indiscreta y ruidosamente las piezas que había matado; y atribuyéndose algunas veces las que sus vecinos derribaron, alentaba contra sí antipatías y odios, que luego desvanecían su afectuoso trato y la seguridad completa de que no tuvo propósito de molestar a nadie. Armonizaba convenientemente la importancia de su elevada posición política y la sencillez bulliciosa de un invitado que sólo piensa en divertirse y agradar. Pronunciaba los títulos de las personas que podían ostentarlos como nombres de intimidad amistosa, y conociendo (por ser pública y notoria en todo el departamento) la propensión de la señora de Gromance a distracciones amorosas, cada vez que se cruzaba con el marido, sin que razón aparente lo justificara, solía dar unas palmaditas afectuosas en la espalda tirante de aquel hombre ceremonioso. Creíase bienquisto entre los congregados habituales de Valcombe, y no erraba del todo al suponerlo. Mientras no disparaba, con desplantes inoportunos y con destempladas gallardías, fogonazos o impertinencias al rostro de las gentes, era tenido por muy tratable, y hasta se le suponía un tacto especial.