Explore "Breve historia de la Revolución Mexicana" by Felipe Ávila on Textopian. Read with annotations and highlights.
Los diputados del Congreso Constituyente de Querétaro aprobaron una de las constituciones más radicales y avanzadas de su época a nivel internacional, sin romper con el modelo económico capitalista ni el del Estado liberal. Sin embargo una cosa era el contenido de las reformas aprobadas y otra el que pudieran aplicarse inmediatamente. Muy pronto se mostró que no existían condiciones para ello. En primer lugar, porque como lo había evidenciado el propio Congreso Constituyente, existía una profunda división en el grupo triunfador de la revolución. El 31 de diciembre de 1917, al recibir la Constitución recién aprobada, Carranza dejó entrever ciertas reservas con ella, al afirmar ante los diputados: «Sean cuales fueren los defectos que por deficiencia o exceso pueda tener la obra a la que dais cima.». Inmediatamente después de clausurado el Congreso, un numeroso grupo de diputados jacobinos publicó un manifiesto en el que acusó a los renovadores de retardatarios, obstruccionistas, aduladores e intrigosos. No obstante, Carranza, derrotado en el Congreso, mantenía el poder como presidente de la República así como el control sobre varios de los principales jefes militares y contaba con el apoyo de la mayoría de los gobernadores de los estados. Esa división en el grupo gobernante fue el primer obstáculo para llevar a cabo las reformas constitucionales recién aprobadas.
A esa dificultad inicial se añadieron otras más. Carranza, mucho más moderado que los diputados radicales, no estaba de acuerdo con el contenido de los artículos más avanzados; además de su rechazo ideológico, los consideraba inviables y que sólo provocarían conflictos con los poderosos sectores que se veían amenazados: los hacendados, las compañías extranjeras propietarias de las minas y del petróleo, la iglesia católica, así como los patrones que no estaban dispuestos a permitir que la organización sindical y las huelgas perjudicaran la situación de sus empresas, muchas de las cuales habían sido seriamente afectadas por la destrucción y el estancamiento económico originados por la revolución. Un tercer factor era justamente la oposición de los grandes intereses económicos y de la iglesia católica que vieron en la Constitución de 1917 un serio peligro a la situación de privilegio que habían disfrutado durante el porfiriato, situación que querían mantener, una vez que había disminuido el torbellino revolucionario.