Dos sistemas by José María de Pereda — Read

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El modesto escritorio quedó radicalmente transformado desde el momento en que el nuevo jefe de la casa se posesionó de él. La caoba, la gutapercha y el aterciopelado papel sustituyeron al castaño, á la badana y á la deleznable cal de aquellos atriles, banquetas y paredones. Cayeron con estrépito los de la mazmorra, y en vez de la pesada caja que amparaban codiciosos, colocóse en el elegante improvisado gabinete, cerca del _boureau_ señorial, un esbelto _cofre-fort_. Seis dependientes ágiles, alegres y tan elegantes como el principal, se distribuyeron en las respectivas funciones, incluso la de tenedor de libros, que dejó vacante el viejo de marras, mal avenido con los «títeres intrusos». Barómetros de todas formas, tarifas de vapores y ferrocarriles en dorados marcamentos, y mapas de todas las regiones del mundo, llenaban las paredes; prensas para todo cuanto antes ejecutaba la mano del escribiente ocupaban los rincones, y el voluptuoso sofá tapizado brindaba con su comodidad á cuantos esperaban el pago de una letra ó la contestación de un simple recado. Todas las demás minuciosidades del escritorio guardaban perfecta armonía con este tono. En el gabinete del _jefe_, pero fuera de su alfombrada tarima, se había colocado una butaca para don Apolinar, que, por afición, por interés propio y por necesidad (pues ya muy viejo y no sabiendo más que ser comerciante, se aburría en todas partes), la ocupaba casi todo el día, durmiendo á ratos, oyendo á veces y preguntando á menudo sobre lo que veía y escuchaba.

Giraba la casa bajo la razón de _Hijo de don Apolinar de la Regatera_, no por respeto cariñoso á la memoria del padre, sino en consideración al valor que su nombre de guerra tenía en el comercio de España y de toda América.

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