Manuel Lozada, el tigre de Alica

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Lozada se llenó de soberbia con aquel rápido encumbramiento que le había proporcionado su generoso compañero, de quien recibía y a quien le daba ese título y el de amigo en la correspondencia que continuaron cultivando, y de tal modo tomó a lo serio su nueva investidura nuestro terrible personaje, que obligaba a los correos que le llegaban a que le hablaran de rodillas, a sus soldados que le besaran la mano y a sus capitanes a que le dieran tratamiento de señoría y aun de excelencia.

En esos momentos en que tan orgulloso estaba, esto es, el 6 de septiembre de 1859, cuando don Leonardo Márquez aún permanecía en Guadalajara apoderándose de unos seiscientos mil pesos que le causaron muchos dolores de cabeza, sucedió que el abogado y general don Esteban Coronado, procedente de Sinaloa, se apoderó a su vez a viva fuerza de Tepic con mil doscientas blusas coloradas, derrotando igual número de soldados pertenecientes a tropas de línea y lozadeñas que mandaban jefes tan bizarros de la reacción como el general Moreno y el coronel don Juan de Argüelles, quienes apenas lograron escaparse para la sierra dejando más de trescientos prisioneros y entre ellos dos jefes de graduación que fueron fusilados, según la costumbre.

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