Explore "Manuel Lozada, el tigre de Alica" by Ireneo Paz Flores on Textopian. Read with annotations and highlights.
Un año largo permaneció Lozada en la más completa inacción, gobernando según su mal saber y entender todo el Cantón de Tepic, del cual sacaba cuanto quería así como de la Aduana de San Blas que estaba a su cargo, teniendo para ello el pretexto de la manutención de sus fuerzas, no obstante que como de costumbre, estaban en su mayor parte disueltas. Era dicho caudillo una carga bien pesada para el Imperio, pero había que contentar sus pretensiones hasta donde fuese posible porque era a la vez un aliado que se consideraba útil tanto para que no dejara extender a los liberales en sus operaciones por aquellos rumbos, como para que pudieran refugiarse allí los imperialistas que fueran derrotados. Hasta ya entrado el mes de marzo de 1865 recibió órdenes apremiantes de los comandantes militares de Mazatlán y Guadalajara para que escogiera tres mil hombres de los más aguerridos y de los mejor armados de infantería y caballería con objeto de dirigirse a Sinaloa para expedicionar en combinación con las columnas francesas que iban ya a moverse contra las fuerzas liberales que habían obtenido varios triunfos y que desplegaban tal audacia que no cesaban de asediar a Mazatlán, no obstante haberse arrasado todos los pueblos de donde recibían provisiones.
No se les había dejado más que un páramo en cuarenta leguas a la redonda y en ese páramo sin embargo estaban operando con increíble audacia. Era necesario pues destruirlos echándoles encima siete mil hombres, que eran los que iban a completarse para emprender sobre ellos una campaña decisiva.