Crónica de la conquista de Granada

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Hecho apenas el entierro del santon con los mismos honores que se pudieran tributar á un mártir, se levantó en su lugar un Dervís, que protestaba tener el don de la profecía. Mostrando á los moros una bandera blanca, que aseguraba ser cosa sagrada, les dijo que Alá le habia revelado que bajo aquella enseña saldrian los habitantes de Málaga contra el ejército sitiador, alcanzarian una victoria cumplida, y gozarian de los mantenimientos que abundaban en el real. Los moros entusiasmados con este vaticinio, hubieran querido hacer en el acto una salida; pero díjoles el Dervís que aun no habia llegado la hora, y que era necesario esperar que el cielo le descubriese el dia señalado para tan gran triunfo. Hamet el Zegrí escuchó al Dervís con el mas profundo respeto, lo llevó consigo á su castillo de Gibralfaro, consultando con él en todo, y para animar al pueblo, enarboló la bandera blanca en la torre mas elevada.

Entretanto venian acudiendo al servicio de los Reyes varios grandes y caballeros, cuyos auxilios se hacian necesarios para relevar en parte al ejército de los muchos trabajos y fatigas que habia pasado en tan largo sitio. De cuando en cuando se veia entrar en el puerto de Málaga algun gallardo navío, ostentando la enseña de una casa ilustre, y conduciendo tropas y municiones: ni eran menos frecuentes los refuerzos que llegaban por tierra, atronando las montañas con el sonido marcial de cajas y trompetas, y deslumbrando la vista con el brillo de sus armas. Un dia se vió blanquear el mar con las velas de una flota numerosa, y fondearon en la bahía cien buques, armados unos para la guerra, y cargados otros con provisiones y pertrechos. Este poderoso socorro habia sido enviado por el duque de Medinasidonia, que llegó al mismo tiempo por tierra, y entró en el real con una fuerza considerable de caballeros deudos suyos, y gentes de su casa, todo lo cual puso á disposicion de los Reyes, juntamente con veinte mil doblas de oro, que les prestó.

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