Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
Encerrado en un aposento en el castillo de Guadix, y solo con su tristeza, estaba el anciano Rey el Zagal, reflexionando sobre el estado deplorable de sus intereses, cuando le fue anunciado el enviado de Baza, y entró en su presencia el alcaide Mohamed Ben Hazen, que le entregó la carta del príncipe Cidi Yahye. En ella se le participaba la crítica situacion de Baza, la imposibilidad de resistir por mas tiempo, faltando los socorros, y el partido favorable que ofrecian los Soberanos de Castilla. El contenido de esta carta se imprimió altamente en el corazon del Monarca, el cual, acabando de leerla, dió un profundo suspiro, y quedó como pensativo y pesaroso. Reuniendo luego á los ancianos y alfaquís, les comunicó las noticias que acababa de recibir, y pidió que le aconsejasen. El consejo, dividido por una variedad de votos y opiniones, no hizo mas que aumentar la perplejidad del Rey; pues sin socorrer á Baza, era inevitable la pérdida de esta ciudad, y cuantas tentativas se habian hecho al efecto habian sido infructuosas. Despidiendo, pues, el Zagal á su consejo, mandó venir á su presencia al veterano Mohamed. "¡Alá achbar! ¡Dios es grande!, exclamó, volved á mi primo Cidi Yahye: decidle que no está en mi poder el socorrerle, y que haga lo que juzgue mas acertado; pues no es mi voluntad exponer á mayores trabajos á los que con hazañas dignas de memoria los han sufrido ya tan grandes."
La contestacion del Zagal decidió de la suerte de la ciudad. Cidi Yahye de acuerdo con los demas capitanes capituló inmediatamente, y obtuvo condiciones muy favorables. Á los caballeros y demas que habian venido de fuera para defender la ciudad, se les permitió salir libremente con sus armas, caballos y efectos; á los habitantes se concedió la facultad de retirarse con todos sus bienes, ó de establecer su morada en los arrabales, sin ser molestados en sus ritos ni costumbres, haciendo en este caso juramento de ser fieles á los Soberanos, y de contribuir con el mismo tributo que antes pagaban á los Reyes moros. La ciudad con todas sus fortalezas, se habia de entregar al Rey en el término de seis dias, concediéndose este tiempo á los moradores de ella para retirar sus efectos; y entretanto, para garantía de este asiento, se pondrian en poder del comendador de Leon quince moros hijos de casas principales. Cuando se presentaron Cidi Yahye y Mohamed para entregar los rehenes, entre los cuales habia un hijo de este último, hicieron reverencia al Rey y la Reina, de quienes fueron recibidos con el mayor agrado y cortesía, y obsequiados ellos y otros caballeros moros con mercedes que se les hicieron de dineros, ropas, caballos, y otros objetos de valor.