Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
No parece sino que las malas nuevas se comunican mas presto que las buenas, y que las desgracias se eslabonan, y llaman unas á otras. Despues de la rendicion de Baza, apenas pasaba dia que no tuviese el Rey anciano aviso de alguna nueva pérdida; ya era una fortaleza formidable que entregaba sus llaves al Rey cristiano, ya un pueblo floreciente que le abria sus puertas, ó ya un valle risueño que pasaba bajo su dominio; por manera, que los estados del Zagal quedaban ahora reducidos á una pequeña parte de las Alpujarras, y á las ciudades de Guadix y Almería.
La contrariedad de su fortuna, y la mengua de su gloria, tenian abatido y cuidadoso al triste Monarca, cuando se le presentó su primo el príncipe Cidi Yahye, que conforme á la obligacion contraída con los Soberanos, venia á persuadir al Zagal que se sometiese á los vencedores. Pasando desde luego al objeto de su mision, le representó Cidi la triste situacion de las cosas, y la imposibilidad de restablecer el imperio sarraceno en España. "La suerte, decia, se ha declarado contra nosotros; nuestra ruina está ordenada de arriba. Acordaos de la prediccion de los astrólogos cuando nació Boabdil; ésta que creimos cumplida cuando se perdió la batalla de Lucena, es ya evidente que se refiere á la perdicion total del reino: asi lo van manifestando los sucesos, y asi es la voluntad del cielo." El Zagal, que le oia con mucha atencion y sin mover pestaña, despues de haber estado un rato pensativo y sin responder, dijo, lanzando un triste y profundo suspiro: "¡Alá huma su bahana hu! ¡hágase la voluntad de Dios! Ya veo que asi lo quiere Alá, y que cuanto le place se cumple. Si él no hubiera decretado la caida del reino de Granada, esta espada y este brazo le hubieran defendido".