Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
Tal es la instabilidad de las cosas humanas, que cuando está mas en su punto el placer, entonces está mas cerca el pesar. Las olas de la prosperidad tienen su reflujo como las del mar; y el mismo viento que parece conducirnos al puerto de nuestras esperanzas, suele sumergirnos en un abismo de desgracias. Cuando Jusef Aben Connixa, visir de Boabdil, anunció á su Soberano las capitulaciones del Zagal, el corazon del jóven príncipe se llenó de un gozo excesivo; y felicitándose por tan feliz acontecimiento, dijo "¡al fin el hado se cansó de perseguirme! ¡de hoy mas nadie me llame el Zogoibi!"
En el primer arrebato de su alegría, mandó Boabdil ensillar un caballo; y con una comitiva brillante salió de la Alhambra para recibir en la ciudad los parabienes y aclamaciones de su pueblo. Entrando en la plaza de Vivarrambla, halló un gentío inmenso muy conmovido; pero estando ya mas cerca ¡cuál seria su sorpresa al oir murmullos, reconvenciones, vituperios! La noticia de haberse obligado á Muley Audalla el Zagal á capitular, habia llegado á la capital, y llenado todos los ánimos de dolor é indignacion. En aquellos primeros momentos ensalzó el pueblo al anciano Muley como príncipe virtuoso, y como espejo de Monarcas, que se habia batido hasta el último extremo en defensa de la pátria, sin comprometer jamas la dignidad de su corona con ningun acto de vasallage. Boabdil, por el contrario, contemplando sin moverse la heróica pero desgraciada lucha de su tio, se regocijaba por el vencimiento de los fieles y el triunfo de los cristianos. Viendo, pues, que se presentaba al público con tanta pompa en un dia que, segun ellos, era de humillacion para todo buen musulman, no supieron contener su furor; y entre los clamores que prevalecian, oyó Boabdil que se le aplicaban los epítetos de apóstata y traidor.