Crónica de la conquista de Granada

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Grande fue la indignacion del Rey Fernando, cuando llegó á saber que los moros habian entrado en Zahara de rebato; sintiéndolo tanto mas, cuanto se habia propuesto ser el primero á romper esta guerra famosa, señalando sus principios con alguna hazaña; y como se preciaba de una política profunda, le pesó sobre manera que su contrario se le hubiese anticipado. Expidió, pues, sus órdenes inmediatamente á todos los adelantados y alcaides de la frontera, para que guardasen con la mayor vigilancia sus respectivos puestos, y estuviesen prevenidos para entrar á sangre y fuego por las tierras de los moros; al paso que despachó á religiosos de diversas órdenes, para que animasen á los caballeros de la Cristiandad á tomar parte en esta Cruzada contra infieles.

Entre los muchos buenos caballeros que se reunieron alrededor del trono de Fernando é Isabel, uno de los mas eminentes por su gerarquía y renombre en las armas, era don Rodrigo Ponce de Leon, marqués de Cádiz, de quien será justo dar una noticia particular, puesto que fue el caudillo principal de esta famosa guerra, y se halló en casi todas sus empresas y acciones. Nació, pues, don Rodrigo en 1443, del esclarecido linage de los Ponces, y ya desde su primera juventud se habia distinguido en el campo del honor. Era de mediana estatura, su cuerpo robusto y capaz de mucho esfuerzo y fatiga: su barba y cabellos eran rojos y crespos, el rostro ingénuo y noble, y algo picado de viruelas. Era valiente, piadoso y muy moderado en sus costumbres: benigno y justiciero con sus inferiores, cortés y franco con sus iguales. Era afecto y fiel á sus amigos, feroz y terrible, pero magnánimo, con sus enemigos. Se le consideraba como el espejo de la caballería de su tiempo, y los historiadores coetáneos le comparaban con el inmortal Cid.

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