Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
La reciente correría de Muley Aben Hazen, hiriendo el amor propio de los caballeros de Andalucía, les animó á nuevas empresas; y resueltos á tomar satisfaccion de este insulto, se reunieron en Antequera, por el mes de marzo de 1483, el marqués de Cádiz, don Pedro Enriquez, adelantado de Andalucía, el conde de Cifuentes, alférez del pendon real y asistente de Sevilla, don Alonso de Cárdenas, maestre de Santiago, y don Alonso de Aguilar. Á estos se agregaron muchos caballeros de nota con sus respectivas fuerzas; de modo que en breve se vieron juntos en Antequera dos mil y setecientos caballos, y algunas compañías de á pié: toda gente muy lucida, la flor de la caballería española. Tratóse en un consejo de guerra de fijar el punto donde habian de dirigir las armas, y hubo entre los gefes gran diversidad de pareceres. El consejo del marqués de Cádiz era que marchasen contra Zahara, para cobrar aquella plaza, y los demas caballeros propusieron diferentes planes: pero el maestre de Santiago, manifestando el que habia formado, fijó la atencion del consejo, y le hizo entrar en sus ideas. Dijo que segun aviso que tenia de sus adalides, se podria con toda seguridad hacer una incursion en un pais montuoso cerca de Málaga, llamado la Ajarquía, region muy fértil, abundante de ganado, y cubierta de aldeas y lugares, donde seria fácil juntar un botin inmenso. Añadió que la guarnicion de Málaga era demasiado corta para salir á molestarles, y que llevando adelante sus estragos, podrian acaso sorprender aquella rica é importante plaza, y apoderarse de ella por asalto.
El marqués de Cádiz trató de manifestar las dificultades que ofrecia esta empresa, por la naturaleza del pais, del cual tenia noticias exactas por un moro tránsfugo, llamado Luis Amar, que le servia de adalid. Representó que la Ajarquía era unos montes ásperos y fragosos, herizados de riscos y peñascos, y habitados por una gente feroz y guerrera, que al abrigo de aquellas asperezas podrian desafiar, aunque pocos, á ejércitos enteros; y que aun cuando se consiguiese vencer á estos infelices, seria una victoria sin provecho y sin despojos, porque á ellos les seria muy fácil poner en cobro los bienes que tuviesen, llevándolos á los lugares fuertes de la montaña. Pero contra las advertencias del Marqués prevaleció el consejo del maestre de Santiago; é inflamados aquellos ánimos por la esperanza de un suceso brillante, se dispusieron con ardor á acometer aquella empresa.