Crónica de la conquista de Granada

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Los adalides ó espías que el marqués de Cádiz tenia constantemente á su servicio, no cesaban de rondar las plazas y fortalezas de los moros, para reconocer su situacion y fuerza, el número de la tropa que las guarnecia, y la vigilancia ó descuido de los alcaides. De todo esto daban puntualmente parte á su dueño, el cual por este medio sabia el estado de defensa en que se hallaban todas las fortalezas de la frontera, y el momento mas favorable para atacarlas con ventaja. Ademas de muchos pueblos y villas sobre los cuales egercia un dominio feudal, tenia el Marqués siempre á su disposicion una fuerza armada compuesta de sus vasallos, deudos y familiares, que en todo lance ú ocasion estaban prontos á seguirle, y á morir en su defensa. En las armerías de sus castillos habia gran provision de corazas, yelmos, y armas de varias clases, todo á punto de servir; estando ademas llenas sus caballerizas de caballos fuertes, activos y muy propios para el servicio de la montaña.

Persuadido el marqués de Cádiz que por efecto de la derrota de los moros en las orillas del Lopera, estarian los pueblos fronterizos del enemigo con muy poca defensa, y reducidas á muy corto número sus guarniciones, por la pérdida de sus alcaides, juzgó ser esta la ocasion mas oportuna para intentar una nueva empresa. Las noticias que le daban sus espías, le determinaron á acometer á la fortaleza de Zahara; la misma que dos años antes habia Muley Aben Hazen arrebatado á los cristianos, y que á la sazon se hallaba mal guardada y escasa de mantenimientos.

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