Crónica de la conquista de Granada

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Con motivo de la toma de Zahara, ganada por segunda vez por los cristianos, se complacen los coronistas de aquella época en cotejar el descuido del alcaide moro, que perdió esta fortaleza en la claridad del dia, con la vigilancia del cristiano gobernador de la de Alhama. Las observaciones que hacen á este intento, servirán de asunto al capítulo presente.

La custodia de esta importante plaza, estaba entonces confiada á don Iñigo Lopez de Mendoza, conde de Tendilla, caballero esforzado y de noble sangre, hermano del gran cardenal de España. Al tomar posesion de su gobierno, halló que la guarnicion se componia de solo mil hombres entre peones y caballos: tropa aguerrida y veterana, pero licenciosa, adicta al juego y á la holganza, y agena de disciplina. Los naipes y los dados eran ya las armas que mas bien manejaban: los cantares deshonestos, las músicas ociosas, les ocupaba lo mas del tiempo, á vueltas de ruidosas altercaciones y sangrientas riñas. "Aqui, dijo el Conde, no hay mas que un puñado de hombres: es menester, pues, que cada uno de ellos sea un héroe."

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