Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
El nuevo Rey de Granada, con sus proezas, con la rota del conde de Cabra, y el destrozo de los caballeros de Calatrava, se habia conciliado el favor del pueblo, á quien procuraba conservar en este buen sentido con torneos, fiestas y otros regocijos públicos, á que los moros eran en extremo apasionados. Entre tanto la experiencia que tenia del carácter veleidoso de su nacion, le hacia temer alguna nueva revolucion en favor de Muley Aben Hazen, su hermano desposeido. Postrado en cama y ciego, estaba entonces este anciano Monarca retirado en Almuñecar, donde se lisonjeaba de pasar tranquilo el resto de su vida; pero en breves dias una órden dictada por los recelos del Zagal, vino á turbar este sosiego, y le obligó á trasladarse á Salobreña.
Este pequeño pueblo estaba situado en medio de un hermoso y fértil valle, sobre un montecillo, cerca de la costa del mediterráneo. Su defensa era un fuerte castillo, edificado por los Reyes de Granada para depósito de sus tesoros. Aqui tambien enviaban aquellos sus hijos y hermanos cuya ambicion les inspiraba algun recelo; y estos príncipes reducidos á los límites del valle, ni bien presos ni del todo libres, pasaban la vida entregados al ócio y á los placeres, gozando de un cielo el mas sereno, de un clima suave, y de un pais delicioso. Su palacio estaba adornado de muchas fuentes, floridos jardines y baños perfumados: la música y el baile hacian transcurrir las horas; y en fin, cuantos deleites podian proporcionar el arte y la naturaleza, se les permitia sin restriccion. Nada se les habia negado sino solo la libertad; y á no faltar ésta, fuera aquella morada un paraiso verdadero.