Explore "Crónica de la conquista de Granada" by Washington Irving on Textopian. Read with annotations and highlights.
La pompa y ostentacion con que los Reyes Católicos abrieron la campaña de este año, presentan á la imaginacion el principio de un drama heróico, cuando sube el telon al sonido marcial de bélicos instrumentos, y se vé lucir la escena toda con el aparato de la guerra y el brillo de las armas. La antigua ciudad de Córdoba fue el punto señalado por los Soberanos para la reunion de las tropas; y por la primavera de 1486 ya resonaban en las verdes márgenes del Guadalquivir los agudos acentos de las trompetas, y los relinchos de los caballos. En esta era espléndida de la caballería castellana, estaba en su mayor punto el lujo en los arreos militares, procurando los nobles distinguirse por el adorno de sus personas, y por el número y equipo de sus secuaces. Todos los dias se veia entrar en Córdoba, con sonido de trompetas y banderas tendidas, algun caballero de nota, señor de una casa ilustre y poderosa, á quien acompañaba una larga comitiva de pages y criados costosamente vestidos, y una multitud de deudos y vasallos suyos, asi de á caballo como de á pié, todos perfectamente equipados, y con armas resplandecientes.
Uno de estos fue don Iñigo Lopez de Mendoza, duque del Infantado, á quien se podria citar como ejemplo de lo que era un guerrero noble de aquella época. Traia consigo quinientos hombres de armas de su casa, equipados á la gineta y á la guisa, y le acompañaban muchos hidalgos magníficamente vestidos y armados. Venian cincuenta caballos con paramentos de brocado y de paño fino bordado de oro. Los reposteros de las acémilas eran de seda curiosamente labrada; las riendas de lo mismo, y relucientes de plata las garzotas y demas jaeces.