Crónica de la conquista de Granada

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La marcha del ejército cristiano sobre Loja, sumergió al inconstante Boabdil en un abismo de dudas y confusiones; y vacilando entre el juramento prestado á los Soberanos, y su deber para con sus vasallos, no acertaba á formar resolucion alguna. Al fin, la vista del enemigo, que coronaba ya la altura de Albohazen, y los clamores del pueblo que pedia se le llevase á la pelea, determinaron su conducta, y se dispuso á una vigorosa resistencia. "¡Alá! exclamó Boabdil, tú que penetras los corazones de los hombres, sabes que he guardado fidelidad á este Rey cristiano: ofrecí tener la ciudad de Loja como vasallo suyo; mas él viene contra mí como enemigo: sobre su cabeza sea la infraccion de lo tratado."

Armándose apresuradamente, salió Boabdil á la cabeza de su guardia y de una fuerza de quinientos caballos y cuatro mil infantes, la flor de su ejército. Con parte de esta tropa, mandó atacar á un cuerpo de cristianos que todavia andaban derramados y confusos por las huertas; dirigiéndose él con toda la demas contra la cuesta de Albohazen, para desalojar de alli al enemigo, antes que tuviese lugar de fortificarse en un punto tan importante. Puesto á la frente de sus soldados, se arrojó el Rey al combate con un valor impetuoso que rayaba en desesperacion. La pelea se trabó con encarnizamiento; y Boabdil, exponiendo indiscretamente su persona, que por el lucimiento de sus armas y arreos le hacia ser el blanco de los tiros enemigos, recibió dos heridas desde el primer encuentro; quedando deudor de la vida al valor inimitable de sus guardias, que le defendieron y sacaron del campo cubierto de sangre.

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