¡Buena pesca! by Pedro Antonio de Alarcón — Read

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Hemos dicho que Damián se estaba haciendo rico en tan pingües copos; pero hemos olvidado decir que Damián, como otros muchos hombres, había cometido la torpeza de casarse con una muchacha muy linda, muy graciosa y muy amiga de componerse; con una coqueta natural, en una palabra; o, si queréis mejor, con una coqueta nativa.

Carmela, variante amoroso de Carmen; Carmelita (él la llamaba así) era una rústica hija de aquella aldea, que ni sabía leer ni le hacía falta; pero que hubiera tentado al mismo San Antonio si este anacoreta no estuviese auxiliado de la Gracia de Dios.

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