Historia de Gil Blas de Santillana, Volumen 3

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El rey, como si hubiera querido librarme de mi impaciencia, se volvió el día siguiente a Madrid. Fuí volando a la Tesorería real, en donde cobré inmediatamente el importe de mi libramiento. Es de admirar que no se le trastorne el juicio a un mendigo que pasa prontamente de la miseria a la opulencia. Yo mudé así que varié de suerte y no escuché más que a mi ambición y a mi vanidad. Dejé mi miserable posada de caballeros para los secretarios que aun no habían aprendido el lenguaje de los pájaros, y por segunda vez alquilé mi hermosa vivienda, que por fortuna estaba desocupada. Envié a buscar un sastre famoso que vestía a casi todos los elegantes; me tomó la medida y me llevó a casa de un mercader, de donde sacó seis varas de paño que decía se necesitaban para hacerme un vestido. ¡Seis varas de paño para un vestido a la española! ¡Adónde vamos a parar! Pero no murmuremos sobre esto. Los sastres afamados siempre necesitan más que los otros. Compré además ropa blanca, que me hacía gran falta, medias de seda y un sombrero de castor con galón de oro.

Después de esto, no siéndome decente pasar sin un lacayo, supliqué a Vicente Foreto, mi huésped, me buscase uno de su satisfacción. Los más de los extranjeros que alojaban en su casa solían, luego que llegaban a Madrid, recibir criados españoles, lo que atraía a aquella posada todos los lacayos que se encontraban sin acomodo. El primero que se presentó era un mozo de una fisonomía tan apacible y tan devota que no le quise; me parecía ver en él a Ambrosio de Lamela. «Yo no quiero -- dije a Foreto -- criados que tengan un aspecto tan virtuoso, porque estoy escarmentado de ellos.» Apenas despaché a éste, cuando llegó otro, que me parecía muy despierto, más arriscado que un paje cortesano y, además, un si es no es taimado. Este me agradó. Hícele algunas preguntas, a las que respondió con despejo. Conocí que era travieso y como de molde para mis asuntos. Le recibí y no me pesó de mi elección, antes advertí bien presto que había hecho un buen hallazgo.

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