Explore "Historia de Gil Blas de Santillana, Volumen 3" by Alain René Le Sage on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuando el rey estaba en El Escorial mantenía a toda la comitiva, de modo que allí no sentía yo el peso de la miseria. Dormía en una recámara cerca del cuarto del duque. Una mañana, habiéndose levantado el ministro, según su costumbre, al romper el día, me hizo tomar algunos papeles con recado de escribir y me dijo le siguiese a los jardines de palacio. Nos sentamos debajo de unos árboles, en donde, por orden suya, me puse en la actitud de un hombre que escribe sobre la copa de su sombrero, y su excelencia aparentaba leer un papel que tenía en la mano. Desde lejos parecía que estábamos ocupados en negocios muy graves, y, a la verdad, sólo hablábamos de bagatelas, porque a su excelencia no le disgustaban.
Ya hacía más de una hora que le divertía con todas las agudezas que me sugería mi humor jocoso, cuando vinieron a plantarse dos urracas sobre los árboles que nos cubrían con su sombra. Comenzaron a charlar con tanta algazara que nos llamaron la atención. «Estas aves -- dijo el duque -- parece que riñen, y me alegraría saber el asunto de su pendencia.» «Señor -- le dije -- , la curiosidad de vuestra excelencia me trae a la memoria una fábula indiana que leí en Pilpai o en otro autor fabulista.» El ministro me preguntó qué fábula era ésta y se la conté en estos términos: