El fistol del diablo coverCAPÍTULO 9
CAPÍTULO 9

PARTE IV

Celestina y Josesito

CAPÍTULO 9Visible text2 paragraphs
La noche en que pasan estos acontecimientos no era de esas serenas y tranquilas en que la luna llena alumbra, con su azulada y melancólica luz, a multitud de muchachas que se pasean y dan vueltas por la ancha acera que rodea el atrio de la Catedral, sino por el contrario, oscura y un tanto tempestuosa. Las estrellas brillaban con incierto y trémulo fulgor, y a veces se cubrían enteramente con gruesos nubarrones, que venían al parecer rozando las azoteas del Palacio y de las Casas Municipales. Los relámpagos se sucedían en el horizonte, y de vez en cuando el viento húmedo traía algunas gotas de agua.
En el Palacio se veían iluminados tres o cuatro balcones: en la puerta aparecían dos centinelas, inmóviles y envueltos en sus capas azules; y rasgando la masa confusa de sombras que parecía posaban sobre el centro de la plaza, fulguraban a intervalos las luces de los portales de las Flores y Mercaderes, y arrojaban unos débiles reflejos sobre la masa imponente y sombría de la Catedral. Una que otra gente transitaba de prisa por el centro de la plaza, y a poco se perdía entre su prolongada oscuridad, y media docena de chinas vestidas con traje blanco, salerosas y chupando sus cigarrillos, formaban la concurrencia de las Cadenas. Seguramente la vista de la Plaza Mayor de México en una noche de estas, es más imponente e interesante que cuando hay festividades, vendimias y paseo.