Explore "El doncel de don Enrique el doliente" by Mariano José de Larra on Textopian. Read with annotations and highlights.
Mucho os ruego de mí parte / Me lo queráis otorgar, / Pues que de mi nigromancia / Es vuestro saber y alcanzar, / Que me digáis una cosa, / Que yo os quiero demandar. / La más linda mujer del mundo / ¿Dónde la podría hallar? / Rom. de Roldán y Reinaldos.
La situación de los principales personajes de nuestra historia era bien precaria. No hablemos de la infeliz condesa de Cangas, a quien no pudimos menos de abandonar a su triste suerte. Aun entre los que en el día ocupan nuestra atención había más de uno que no tenía motivos para estar contento con su estrella. Elvira, en primer lugar, llevaba continuamente clavado en el corazón el dardo que se ahondaba más mientras más esfuerzos hacía por arrancarle, y tenía no pocos motivos de inquietud y melancolía. La falta de la condesa, a quien echaba de menos entonces más que nunca, le recordaba sin cesar que tenía pendiente una acusación, en el éxito de la cual se hallaba comprometida, no sólo la vida del hombre a quien no podía menos de amar, sino la suya propia, pues era condición de tales juicios que había de morir el acusador o el acusado, si no en el combate, después de él. Elvira se hallaba libre en su cámara; pero lo debía a la buena opinión que había merecido siempre en la corte. Luego que se había dado a conocer a Abenzarsal, y éste había expuesto a Su Alteza sus circunstancias y las causas particulares que la obligaban a guardar secreto, se le había dejado en libertad bajo su palabra, con la única condición de haberse de presentar en el juicio, como acusadora, el día que Su Alteza tuviese a bien señalar, día que se retardaba ya demasiado, según lo que solía en tales casos practicarse.