El Danubio by Claudio Magris — Read

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Christa Janata me lleva a visitar el viejo cementerio judío, en el número 9 de la Seegasse. Christa, en los años cincuenta, era la mascota del Wiener Gruppe, la legendaria y ahora canonizada vanguardia vienesa. Era amiga de Artmann, de Bayer, de Rühm, que la habían apodado Maaike, y contemplaba con encantado estupor sus extravagancias, que se burlaban de todo salvo de ellos mismos. Ella poseía, probablemente, más poesía que todos ellos, a excepción tal vez de Bayer; lo cierto es que hoy posee mucha más. Es guapa y escéptica, sabe perfectamente cómo suelen terminar las cosas, pero no ignora el respeto y el afecto por los demás, a diferencia de los funambulescos y áridos trucos de los literatos que, a fuerza de reírse de los burgueses, acaban por hacerlo también de ellos mismos.

Es domingo, las calles están desiertas. Entramos a tomar un café en el Gasthaus Fuchs, en la Rogergasse. Viena -la Viena de Canetti- también es un bajo vientre del mundo, familiar incluso en la degradación. Los tres o cuatro parroquianos muestran las diferentes fases del alcoholismo. Un viejo croata habla a solas, ni se entera cuando le ponen un vaso en la mano. En otra mesa, tres personas juegan a cartas, una de ellas tiene una cara completamente embrutecida y animalesca como una figura de Brueghel, el cuerpo de otra va redondeándose, gracias a la cerveza, en una informe y femenina obesidad, la única mujer tiene la cara deshecha, como en un cuadro expresionista. En un momento dado entra un demente, con un martillo y unos clavos, que comienza a clavar por todas partes, en las mesas, en los bancos. Es una escena de auténtico Kabarett vienés, pero un Kabarett de la vida, salvaje y desnuda, inalcanzable para la literatura, que se vuelve falsa y escolástica cuando intenta reproducir esta elementalidad. La dueña es desenvuelta y amable, pero tal vez dentro de unos cuantos años esté embrutecida como sus clientes actuales. «Aparenta cincuenta años», le dice galantemente un borracho. Christa me mira, como si quisiera preguntarme si sus cincuenta, que acaba de cumplir, son tan diferentes como parecen.

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