Intimidad by Jean-Paul Sartre — Read

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Lulú se acostaba desnuda porque le gustaba acariciarse con las sábanas y porque el lavado cuesta caro. Enrique protestó al principio: no se mete uno desnudo en la cama, eso no se hace, es sucio. Sin embargo acabó por seguir el ejemplo de su mujer, pero en él aquello era descuido; cuando había gente era rígido como una estaca, por costumbre (admiraba a los suizos y especialmente a los ginebrinos; les encontraba mucha parada porque eran de madera) pero se descuidaba en las cosas pequeñas, no era muy limpio; por ejemplo, no se cambiaba bastante a menudo de calzoncillos; cuando Lulú los ponía entre la ropa sucia no podía dejar de notar que tenían el fondo amarillo a fuerza de frotar contra la entrepierna. Personalmente, Lulú no detestaba la suciedad: da más intimidad; pone sombras tiernas, en el pliegue del codo, por ejemplo; no le gustaban nada esos ingleses, esos cuerpos impersonales que no huelen a nada. Pero la horrorizaban las negligencias de su marido, porque eran maneras de mimarse.

Por la mañana, al levantarse, era siempre muy tierno consigo mismo, con la cabeza llena de sueños; y la luz, el agua fría, la cerda del cepillo, le hacían el efecto de injusticias brutales.

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