Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Pues señor, esto va su camino, pero muy aprisa, a escape, a las cuatro sucias. Por supuesto que el lector siempre habrá creído que el libro se había de acabar; pues bien, que lo sienta o no corre a su fin, y se va a recibir y cerrar al arco; y si otro arco es, mírale ya doblado y buscándose los dos cabos para tocarse y quedar hecho un círculo perfecto. O de otro modo, aquí la cumbre y aquí el principio del descenso.
Estando un día cenando Pedro Saputo llegó un criado de Juanita con una carta en que le suplicaba fuese allá inmediatamente, pues le necesitaba, y que procurase llegar entre las nueve y once de la mañana. Era el primer favor, la primera merced, la primera gracia y firmeza que le pedía aquella vieja amiga, a la cual como asimismo a Paulina, ya conoce el lector que no podía él negar nada, pero llamándole tan adrede y con tal urgencia, del cementerio se hubiese levantado para servirla. Partió allá, pues, y dispuso la jornada de modo que llegó a la hora prevenida. Encontró a Juanita vestida de luto, aunque en el semblante vio que era por los vivos y no por el muerto. Y en efecto, le dijo que quien se había muerto para descanso de todos, de un benéfico tabardillo, era su buena gloriosísima suegra, mujer (añadió) de la raza de las harpías o hermana de las furias, a quien de derecho tocaba por marido un cancerbero, y se llevó un ángel, si los hay entre los hombres casados. Bien que tuvo culpa un descuido. En fin, ha muerto, no le roamos los huesos; Dios la haya perdonado; y vamos al caso antes que venga mi suegro.