Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Muchas cosas graciosas o extraordinarias ha visto el lector hasta ahora; pero ninguna más que la que sucedió aquellos mismos días con unos consultores de Ayerbe. Eran un viejo, una vieja y una muchacha de unos veinte años, bastante donosa, aunque un poco morena, y muy bien vestida, formando contraste con las galas de los viejos, que ya no podían más de cansados; y los tres apestando con un luto muy espeso y reciente, bien que sin maldita la señal de haber llorado. Acompañábalos un muchacho del lugar que acaso toparon en la calle y le tomaron por guía, el cual aprendía de barbero, de hasta catorce años de edad, nueva generación que ya no conocía Pedro Saputo. Preguntóle de quién era, y dijo que era hijo de la Suspira, y que su madre decía que aún eran con él algo parientes. -Hombre, mira lo que dices: conozco a tu padre y a tu madre, y no sé tener mezclas con ellos. A ver cómo lo endilgas. -Sí, señor, replicó el aprendicillo muy confiado; porque mi madre es prima tercera de la tía Simona de Tutelobuscas, que es prima hermana de Ramón Llevodos, y Ramón Llevodos fue con su primera mujer yerno carnal de la madre de Juan Bramidos, que está casado con la hija de Tornavueltas, que es cuñado de la suegra del hermano del marido de Salvadora Olvena, su madrina de usted. Soltó aquí Pedro Saputo una gran carcajada, se hizo seis medias cruces de admiración, volvió a reírse, y dijo: -Con efecto, todo eso es verdad; pero sumados todos esos parentescos, afinidades y consanguinidades, podrías decir: cero y llevo cero. No obstante le cayó tan en gracia aquel método de encontrar las familias, que después cuando oía de parentescos lejanos que se traían por interés, por vanidad, o por afición y amor a las personas, al punto se acordaba y decía.
El entronque de la Suspira. Hasta los viejos de la consulta se rieron con todo su luto y los temores que traían. Dijo al fin al muchacho que teniendo que hablar y tratar con los forasteros, se podía ir, pero que volviese otro día más de espacio a hacer una nueva muestra de su buena memoria. Fuese, y Pedro Saputo quedó consigo en favorecerle por el despejo que mostró en la relación de tan extraño rodeo, que no era aún parar a él o a su madre, sino al marido de su madrina.