Explore "Vida de Pedro Saputo" by Braulio Foz on Textopian. Read with annotations and highlights.
Ufano, alegre, altivo, confiado y tan ligero de pies y de cuerpo caminaba nuestro hombre aventurero en demanda de nuevos confines y nuevas tierras, hombres, opiniones y costumbres, que no estampaba la huella en el polvo del camino, como si fuese por el aire o volase con su pensamiento. El sol de las siete de la mañana, a mediados del mes de marzo, purísima la atmósfera, claro el horizonte, quieto el viento y placentero el día, alegraba la húmeda tierra que vivificada ya de su calor amigo y apuntando la primavera, le hubiese ofrecido la naturaleza renovando su vida en la estación más apacible del año, si la campiña que atravesaba, desnuda, inamena y triste, presentara a un lado y otro a la vista más de algunas verdes llanadas de campos de trigo, y al frente la oscura sierra de Gratal formando falda a los lejanos y aún blancos Pirineos que parece reciban la bóveda del cielo para dejarla caer a la otra parte, que ya sabía era el reino de Francia. Llegado de un vuelo a las Canteras, vido abajo contrapuesta y comenzando desde el mismo valle la negra agorera selva de Pebredo extendiéndose en un dilatado término con sus carrascas del diluvio y habitada todavía de las primeras fieras que la poblaron. Atravesóla insensiblemente, descubrió los famosos llanos de Alcoraz, llegó a San Jorge, y dijo: Ya estoy en Huesca. Y no había dado aún la hora de las nueve.
Mucho antes se hallaba ya su pobre madre en casa de la madrina, a quien fue a decir con gran congoja: -¡Ya se ha ido! De que hicieron las dos un largo llanto, acompañándolas también la niña Rosa por imitación y algún sentimiento que a su modo alcanzaba, pues en fin tenía ya doce años, no era estúpida y quería mucho a su hermanito Pedro.