Vida de Pedro Saputo by Braulio Foz — Read

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Difícil era verlas y mantener el incógnito; pero la compañía que llevaba le ponía freno, y determinó pasar el lugar para saber si habían salido del convento, y volver a verlas solo y espacio. Lo que es conocerle ellas era imposible, porque demás de estar más delgado y muy tostado del sol, más alto y al todo diferente para ellas, traía los bigotes y un traje más distinguido, y se había cortado el pelo entera y legítimamente a lo escolástico.

A las diez de la mañana del segundo día llegaron al lugar; y mientras almorzaban y comían en la primera casa que encontraron abierta adonde se hicieron preparar el almuerzo (pagándolo), se presenta un hombre bien portado a suplicarles viniesen a su casa. Levantados los manteles dieron con él y se encontró con que era el padre de Juanita, y a ella que por su madre y con una cuñada los recibía. Aún casi no habían acabado de saludar ya estaba allí Paulina con otra muchacha vecina y los padres que las acompañaban. Al momento se trató de baile y le dejaron aplazado para más tarde. Repartiéronse en cinco casas, y él prefirió la de Paulina por no ser tan sospechosa como Juanita. Pero ¡oh lo que padeció!, ¡lo que se hubo de esforzar para contenerse!, para no decir: ¡yo soy, tiernísima Paulina! Pasó empero el día, pasó el baile, pasó la velada, y pasó en fin, la noche, y fue hombre de valor; no se dio por conocido. Hazaña mayor que la de quemar las naves de Cortés, que la de pasar Julio César el Rubicón, Aníbal el Pirineo y los Alpes, Alejandro el Estrecho y después los montes de Cilicia. Con todo, al irse entregó a Paulina un billete cerrado para Juanita en el sobre (a fin de que aquélla no lo abriese tan pronto), en que les decía hablando con las dos: ¡Traidoras! ¡Ya no me conocéis! ¡No me habéis conocido!

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