Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
Cuéllar estaba fumando indolentemente el cigarrillo que pocos momentos antes encendiera, con la mano izquierda apoyada en su largo sable, cuya vaina descansaba en el suelo.
En el modo como estaba en pie el bandido, a la puerta del salón y dejando vagar al acaso su mirada, de suavidad felina, y despidiendo por boca y narices espirales de azulado humo, había un no sé qué seductivo.