Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
Al oír la descarga que les recibiera sembrando la muerte en sus filas, los guerrilleros habían retrocedido llenos de espanto; sorprendidos por aquéllos a quienes imaginaban sorprender, preparados a robar, pero no a combatir, su primer pensamiento fue emprender la fuga.
Los defensores de la hacienda, cuyo número había aumentado considerablemente, el ver el indescriptible desorden que se introdujera entre los asaltantes, no desperdiciaron la ocasión de mandar a éstos una rociada de balas.