Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
Oculto tras la puerta del corredor, el aventurero había oído toda la conversación de los tres sujetos reunidos en la sala, y cuando Cacerbar y Cruz se hubieron levantado, ignorando aquél por qué puerta saldrían los mencionados sujetos, había abandonado su puerta, ido al corral y, hecho un ovillo al pie del seto, aguardado por espacio de algunos minutos; pero al ver que todo continuaba envuelto en el más absoluto silencio, se arriesgó a salir de su escondite, a penetrar de nuevo en el pasillo y a acercarse otra vez a la puerta para mirar al través de la hendedura.
Don Antonio y don Melchor habían salido; en la sala sólo quedaba Irzabal.