Explore "Las noches mejicanas" by Gustave Aimard on Textopian. Read with annotations and highlights.
Una hora después don Jaime salió de palacio y, seguido de López, se fue a la casa del arrabal, en la que encontró al conde y a su amigo que, entregados por completo a su amor e indiferentes a cuanto pasaba en torno suyo, pasaban días enteros al lado de sus respectivas amadas y gozaban, con la dichosa indolencia de la juventud, de lo presente, para ellos tan benigno, sin preocuparse con lo porvenir.
-- ¡Ah! ¡por fin! profirió gozosamente doña María al ver a su hermano; ¡cuán caro se nos vende V.!