Historia de la compañía de Jesús en Nueva España

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Esta serie de sucesos tan desiguales y tan varios, le había profetizado al padre Alonso Sánchez una persona de sublime virtud y probado espíritu desde que leía gramática en el colegio de Caravaca, y testifica el padre Juan Sánchez haberlo oído de su boca, desde que llegó a esta provincia mucho tiempo antes de que se abriese paso de esta provincia a Filipinas, y sin querer tomar parte alguna en la calificación de su espíritu, debemos decir, que su conducta iba a causar un trastorno universal en toda la provincia. Luego recién llegado de Europa, se le observó entregarse con mayor fervor que nunca al retiro, a la penitencia y a la oración. El noviciado estaba entonces en el colegio máximo. El ejemplo de una vida tan austera hizo una fuerte impresión en los novicios y en los más sujetos del colegio, en que parecía haber entrado una reforma, aunque como se conoció muy en breve, nada conforme al espíritu de la Compañía. El padre Alonso Sánchez, como hemos ya notado, tenía una singular dulzura, y no menor energía en explicarse. En sus sermones y en sus conversaciones privadas, pocas, pero eficaces y sostenidas de una conducta tan edificativa y tan constante, extendió muy en breve los ánimos de todos en su imitación. El padre provincial, aunque gozoso de aquel nuevo fervor, tan digno siempre de aprecio y tan recomendado en la iglesia, era sin embargo muy prudente y muy ejercitado en la vida espiritual, para no conocer que una penitencia tan rigurosa y una oración tan continua, no podía dejar de causar un grande atraso a nuestra juventud en los estudios, y un tedio a los ejercicios y ministerios exteriores, muy ajeno de una religión e instituto apostólico. Lleno de estos pensamientos, destinó al padre Alonso Sánchez para rector del colegio Seminario de San Pedro y San Pablo. Aquí, sin testigos, ni arbitrios algunos, se entregó a todos los excesos que le inspiraba su genio rígido y austero, a una abstinencia rigurosísima, a un total retiro, a una penitencia continua, pasaba en oración cuasi todo el día y la mayor parte de la noche, siempre de rodillas, sin dejar esta postura incómoda, aun el poco rato que daba al sueño. Un género de vida tan irregular, hizo un grande ruido entre los seminaristas. En breve se divulgó a toda la ciudad. Muchos quisieron imitarlo, y comenzaban ya a notar que no siguiese el mismo plan el resto de los jesuitas. Entre estos comenzaba a soplar con la diversidad de caminos el espíritu de la disensión. Unos se entregaban mucho a la oración, y entretanto se desamparaban los ministerios más esenciales del confesonario, del catecismo y del púlpito. Otros se daban a muchas y ásperas penitencias, y mientras se enfriaba todo el ardor y empeño tan necesarios para los estudios, que profesa la Compañía, se debilitaba la salud, y muchos se inhabilitaban para las demás funciones necesarias a la santificación de los prójimos, como el tiempo lo dio a conocer bastantemente.

Estos misioneros, habían venido bajo la dirección del padre Pedro Díaz, que con una extrema diligencia concluidos todos sus negocios en entrambas cortes, dio vuelta a la Nueva-España por agosto de 1579. La razón de tanta aceleración da el padre Everardo Mercuriano, en carta escrita al padre visitador Juan de la Plaza, quien ya había llegado a México. Cédula de concordia en los estudios de la real Universidad del colegio máximoHase juzgado conveniente, dice, que torne el padre Pedro Díaz, antes de la congregación de procuradores que aquí se hará por el mes de noviembre de este año, porque siendo el primer procurador que viene de esa provincia con la relación del estado de ella, y estando pendiente el asunto de las cosas más principales de esa provincia, nos ha parecido importar más su vuelta tan breve, que no el hacerlo esperar aquí otro año más. La cual cosa no se traerá a consecuencia en lo porvenir, pues ha habido esta causa particular para ello. En el mismo despacho vino real cédula de su Majestad, conforme a lo que se había pedido en la congregación provincial en que daba forma y reglamento a los estudios de la real Universidad y del colegio máximo, en el tenor siguiente: «El rey, don Martín Enríquez, nuestro vice-rey, y capitán general en la Nueva-España, y en vuestra ausencia a la persona o personas a cuyo cargo estuviere el gobierno de aquesa tierra. El padre Francisco de Porras, procurador general de la Compañía de Jesús, nos ha hecho relación que los religiosos de la dicha Compañía, con fin de que los hijos de los vecinos de esa tierra se ocupasen en recibir buena doctrina, y en el ejercicio de las letras, han fundado algunos colegios en esas partes, y principalmente uno en esa ciudad, en que se ha hecho y hace gran fruto; y que los hijos de los habitantes de ella y de otras comarcas, se han empleado y emplean allí en loables ejercicios el tiempo que antes solían pasar en ociosidad, leyéndoles latinidad, retórica, artes, teología y casos de conciencia, con que han descubierto muy buenos sujetos y habilidades, y van con continuación en tendiendo en leerles dichas facultades, y que por estar fundada universidad en esa ciudad, se podían ofrecer algunas dudas entre ella, y los religiosos de la dicha Compañía sobre oír los estudiantes algunas lecciones en los dichos colegios, para residir sus cursos y ser graduados.

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